Santiago de Cuba: 'El agua llega cuando llega'

Un residente en el barrio de San Pedrito recoge agua de un registro. (L. GÓMEZ)

Un residente en el barrio de San Pedrito recoge agua de un registro. (L. GÓMEZ)

(DIARIO DE CUBA). - Los habitantes de Santiago de Cuba parecen resignados a la escasez y la inconstancia de los ciclos de suministro de agua y buscan todo tipo de soluciones. Los de mayores posibilidades económicas construyen cisternas o pagan ilegalmente una pipa cuyo costo puede llegar hasta los 20 CUC. Los de menores ingresos cargan su liquido construyéndose carretillas o comprándolo a los aguateros, un tipo de vendedor ambulante que proliferado con la sequía.

Cargar agua es desde hace meses una tarea doméstica ineludible en la que todos ayudan, los niños lo hacen como diversión y muchos ancianos porque viven solos.

Las "piscinas" callejeras que se crean por las frecuentes roturas y escapes de agua, en las que algunos animales aprovechan para beber, son una dolorosa imagen.

La incertidumbre sobre cuándo llegará el agua genera cambios drásticos en la vida cotidiana. Las labores de aseo de las casas, como lavar o limpiar, deben esperar a ese momento, ya sea noche o madrugada, que nunca se sabe cuánto durará.

Esto también conlleva ausencias y llegadas tarde a los puestos de trabajo, porque es indispensable aprovechar el momento en que "ponen el agua".

Los santiagueros acuden a cualquier fuente de posible abastecimiento. Algunas empresas ubicadas en barrios residenciales han colocado carteles prohibitivos en sus entradas intentando esquivar a los vecinos.

Algunos residentes abren registros y colocan mangueras y tuberías en aceras y calles tratando de llenar vasijas en los "escapes".

Niños transportan agua en Santiago de Cuba. (L. GÓMEZ)

Niños transportan agua en Santiago de Cuba. (L. GÓMEZ)

Almacenar es otro problema. La ausencia de tanques en los comercios obliga al mantenimiento de depósitos corroídos por el óxido, al llenado paciente de decenas de botellas plásticas de refresco o agua y a soluciones extremas como la de Diana, que colocó en la sala de su apartamento un inmenso tanque plástico comprado en la bolsa negra: "Vivo en un tercer piso —justifica—, si lo dejo abajo me lo roban o me llevan el agua y está prohibido ponerlo en la azotea. No cabe en la cocina, ni en el patio; lo puse ahí y me alcanza para los 10 días del ciclo, si la ponen [el agua] en tiempo".

Para los trabajadores de la campaña contra el mosquito Aedes aegypti el pesquisaje es engorroso debido a los inverosímiles depósitos que se pueden encontrar, aunque la mayor parte del tiempo revisan tanques vacíos.

Así le pasó a Flora, una anciana que vive en un solar, cuyos tanques deteriorados están ubicados en el pasillo de entrada. Unos trabajadores de Salud Pública llegaron para inspeccionarlos y entregarle el Bativec, producto de control de larvas de Aedes. Al hallarlo vacíos le preguntaron cuándo le tocaba el agua. Ella, resignada, respondió: "No se sabe, el ciclo es cuando llega".