OPINIÓN: "OTRA VÍA DE CENSURA HACIA LOS CUBANOS QUE QUIEREN EL CAMBIO" por Rosalía Viñas Lazo

Con la nueva vía de acceso a Internet a través de datos móviles, ha aumentado el número de cibernautas en la red y, por consiguiente, ha aumentado el número de denuncias que exponen la cruda realidad de los cubanos, de los defensores de derechos humanos y toda la información que a la prensa oficialista le resulta incómoda.

Cubanos conectándose a internet

Cubanos conectándose a internet

En vísperas de que el 24 de febrero de este año se lleva a votación el nuevo proyecto de Constitución, circula en las redes sociales por parte de organismos estatales y algunos ciudadanos una campaña por el SÍ. Por otro lado, también hay una fuerte campaña por el NO, la cual se hace cada día más visible y fuerte, hecho que genera disgusto al gobierno y algunos partidarios que promueven el SÍ.

La cruda realidad ha demostrado a lo largo de los años como los defensores de derechos humanos, periodistas y activistas, son los más vulnerables en cuanto a su seguridad. Con la llegada de Internet este hecho se intensifica y agudiza dada las nuevas vías de vigilancia y acoso online.

En Cuba muchos activistas de derechos humanos, periodistas o simples ciudadanos de a pie que comparten información que los medios de comunicación estatales no presentan, han sufrido ataques cibernéticos, hackeos de sus cuentas de correo electrónico y de las diferentes redes sociales que usan. La llegada de Internet ha marcado un antes y un después, no cabe duda, pero la responsabilidad en su funcionamiento y su uso van de la mano. Muchos de estos ataques se pueden prevenir para evitar el robo de información, dado que esta puede ser usada por personas mal intencionadas para hacer grandes males. El activismo digital es imprescindible en Cuba en estos momentos, por tal razón necesitamos capacitarnos y ayudarnos en esta tarea.

No cabe duda de donde provienen dichos ataques, ni por quién están dirigidos. En estos días debido a la campaña que aboga por el NO, dichas agresiones se disparan. En mi próxima columna les brindare a los lectores diferentes consejos aplicables a la realidad de Cuba para evitar este tipo de ataques a mayor escala.


Este articulo fue publicado originalmente por la Revista Convivencia

 

Rosalia Viñas Lazo (Pinar del Río, 1989).

Miembro del Consejo de Dirección del CEC.

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OPINIÓN:"La cubana que nunca entregó su jardín" por Luis Leonel León

Dulce María Loynaz nació en La Habana el 10 de diciembre de 1902 y el 27 de abril de 1997, hace veinte años, falleció en otra Habana, muy diferente, para mal, a la de la primera mitad de su vida


Aunque en varias ocasiones, verja de por medio, la vi sentada en el portal o andar por el jardín de su última casa de El Vedado, abandonada por entonces y luego de su muerte convertida en un centro cultural del Estado, en realidad sólo hablamos una vez. Sin embargo, por momentos me pareciera que hablamos muchísimo más. Es el efecto, seguramente, de los giros del recuerdo y la eterna admiración mezclando a su antojo aquella breve conversación con fragmentos de su vida y su literatura, tal como si me hablaran, como si fueran instantes compartidos o historias que ella misma me contó. Laberintos que sin duda agradezco. Pero la verdad es que fue sólo una tarde. Y ciertamente no me bastó.

Muchas veces he lamentado no haber regresado a aquél jardín, aunque fuera sólo a preguntarle cómo le iba o si finalmente había vuelto a la juventud para escribir un poema. “Aunque hay grandes poetas que han escrito versos toda la vida, siento que la poesía es un género sobre todo de la juventud”, creo que fueron exactamente las palabras de la autora de Últimos días de una casa, Poemas náufragos, y Melancolía de otoño.

Yo tenía 25 años y me costaba aceptar aquella realidad. Y un poco en broma, un poco casi en serio, le contesté que en varias ocasiones había escuchado decir que la vejez era una especie de retorno a los primeros años de la vida, y que viéndolo así tal vez sería un buen experimento que ella de pronto imaginara volver a ser la jovencita que escribía poemas. Pero que va, entre risas me dijo algo así como que estaba muy bonito el experimento pero que lo olvidara, que ella ya no estaba para esos experimentos y que mejor yo escribiera los poemas. Cosa que hice, pero sólo por un tiempo. Algo que inevitablemente le dio la razón en cuanto a la edad de la poesía.

Fue una tarde inolvidable. Un par de horas que han durado mucho más, y que unas veces recuerdo como un poema y otras como una vieja película en blanco y negro, pero nunca como una entrevista. Entre las cosas de las que me arrepiento, siempre estará el no haber vuelto a visitar a Dulce María Loynaz. Creo que por ello, una década después volví a ella, aunque ya se había ido, cuando filmé en Tenerife el documental La gracia de volver, gracias a dos grandes amigos, apasionados coproductores del filme: Isidoro Sánchez García, un canario enamorado de la literatura cubana, en especial de la obra de Dulce María. Y Marcelo Fajardo-Cárdenas, documentalista, creador del proyecto cultural "En el jardín" dedicado a la vida y obra de nuestra premio Cervantes, y hoy profesor en Mary Washington University, Virgina.

Después de todo, aunque no como hubiese querido, hemos seguido conversando Dulce María y yo. Ella exiliada en su jardín y yo en esta otra orilla. Pero creo que fue a mediados de 1996 cuando hallé la oportunidad de entrevistarle para mi programa Una imagen posible, en Radio Metropolitana, un lugar donde en medio de las escaseces y la locura creativa, aprendí a sortear la censura y los temores con un arma muchas veces imbatible que la poetisa cubana que nació con el siglo, conocía mucho mejor que yo: las metáforas. Muy bien por usted, las metáforas además de hermosas pueden ser muy útiles, mi estimado señorito”, es una frase suya que no olvido. Me confesó que sentía que para la mayoría de los cubanos de mi generación la poesía, y en especial las metáforas, parecían no tener el menor uso práctico, pero que le alegraba saber del uso que yo les daba en un medio como la radio. Aunque ya tenía una avanzada edad, no dejaba de expresarse con la agudeza y la finísima ironía que le caracterizaba.

Esa tarde, a la hija del último general mambí, le comenté que en el poco tiempo que llevaba trabajando en la radio, había descubierto que lo que más le molestaba a un censor no era que un creador intentara enfrentarse a las reglas, a las prohibiciones que le habían asignado cuidar como un soldado en su puesto de guardia, sino que lo más peligroso era que de alguna manera quedara expuesto su desconocimiento o sinrazón ante un determinado tema, sobre todo si estaba relacionado con la cultura. Y por ello, siempre metáfora en mano, me había propuesto burlar sus barreras y lagunas. Y a la par, pues les hacía creer que eran parte del proceso creativo, aunque la mayoría de las veces no entendieran en realidad de qué se trababa ni descubrieran mis verdaderas intenciones. Eso le conté y no sólo me dijo que le encantaba la estrategia sino que se rió muchísimo. Fue también una tarde divertida, cosa que me tomó por sorpresa, pues me había imaginado un diálogo mucho más serio tratándose de la mítica escritora que se había autoencerrado en aquella casona misteriosa.

Además de su gran sensibilidad poseía un particular sentido del humor. Recuerdo que me dijo: “viéndolo así, la poesía puede ser más poderosa que un ejército, aunque los ejércitos han acabado con muchos poetas”. Por un instante y por el tono de su voz pensé que se le iban a aguar los ojos, pero no sucedió. La belleza de sus poemas y su complexión física la hacían parecer muy suave, pero en realidad era una mujer muy fuerte. No pude dejar de preguntarle si era verdad que cuando una vez le preguntaron por qué no se había ido de Cuba, ella contestó que era la hija de un general mambí y quienes tenían que irse eran otros. Me respondió que no se acordaba de haberlo dicho así, pero que no se trataba de una frase sino de una realidad.

Dulce María Loynaz: la más grande escritora cubana del siglo XX,

Dulce María Loynaz: la más grande escritora cubana del siglo XX,

Al poco rato salió una señora que se encargaba de su cuidado y me preguntó cuánto faltaba para terminar la entrevista. En realidad ni siquiera había comenzado, a pesar de ya haber hablado como unas dos horas. Minutos después me despedí de la anciana que había escrito legendarias colecciones de versos, raras avis de la lírica insular, como Juegos de aguaPoemas sin nombreBestiarium y La novia de Lázaro. Siempre, además de por sus poemas, la recordaré como la cubana que nunca entregó su jardín, desde donde me dijo adiós con una mezcla de elegancia, entereza y ternura que nunca he vuelto a percibir.

Dulce María Loynaz nació en La Habana el 10 de diciembre de 1902 y el 27 de abril de 1997, hoy hace exactamente veinte años, falleció en otra Habana, muy diferente, para mal, a la ciudad de la primera mitad de su vida. Cuando el régimen de Fidel Castro secuestró las instituciones culturales, para convertirlas en herramientas de propaganda de su sistema dictatorial, la autora de títulos como La voz del silencio, o El áspero sendero, se exilió en su propia casa para no participar del proceso "revolucionario" culpable de la destrucción de la república, la vulgarización cultura y el deterioro de la identidad nacional, de la que tanto ella se sentía orgullosa.

No sólo escribió poesía, aunque sin duda es el género por el que más ha trascendido. En 1951 publicó la novela Jardín, llena de poesía. Su libro de viajes Un verano en Tenerife salió a la luz en 1958. También publicó ensayos, crónicas, epistolarios y una biografía, Fe de vida (1994). Es una de las principales escritoras de nuestra lengua y la única cubana ganadora del premio Miguel de Cervantes (1992), considerado el Nobel de las letras hispanas. Me gusta creer que este pretexto de sus veinte años de ausencia, es una manera quizás necesaria para entender que, a pesar de todo, nunca ha estado ausente. Para suerte nuestra.


VIDEO: Documental "La Gracia de Volver" Dirigido por Luis Leonel León (2004)


Artículo escrito por LUIS LEONEL LEÓN y publicado originalmente en DIARIO LAS AMÉRICAS .

 

 

LUIS LEONEL LEÓN es periodista, escritor y director audiovisual cubano.

"TODO LO QUE NO SE PUEDE PREGUNTAR EN CUBA TRAS LA MUERTE DE FIDEL CASTRO" por Carlos Alberto Montaner

Actos fúnebres para despedir las cenizas de Fidel Castro (EFE)

Actos fúnebres para despedir las cenizas de Fidel Castro (EFE)


Casi nadie sabe cómo fueron sus últimas horas. ¿Murió, súbitamente, de un paro cardiaco, agonizó durante varios días, o se ahogó por una obstrucción en la garganta, como se rumora en La Habana  sotto voce?

¿Por qué la prisa en cremarlo? ¿No querían que su última imagen fuera la de un ancianito frágil y empequeñecido con cara de loco? ¿Por eso hicieron desfilar al pueblo frente a una fotografía del Comandante heroico en la Sierra Maestra? Hay una vieja tradición de coquetería revolucionaria. Una de las últimas peticiones de Stalin fue que le arreglaran el bigote.

¿Por qué guardaron las cenizas en una urna en la Sala Granma del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, lejos de la multitudinaria presencia del pueblo?

 

¿Por qué guardaron las cenizas en una urna en la Sala Granma del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, lejos de la multitudinaria presencia del pueblo? ¿Temían el escenario improbable de que se desbordaran las pasiones? ¿O sólo querían que sus ancianos camaradas de armas, como Ramiro Valdés, pudieran despedirse íntimamente del caudillo y jefe que los guió hasta la victoria y los convirtió en personajes importantes, aunque odiados y temidos?

¿Es verdad que los restos mortales del Comandante no viajaron en ese precario jeep que supuestamente los trasladaba hasta su última morada para no arriesgarlos en la aventura de una carretera desguazada por la incuria gubernamental? ¿Prevaleció la idea de darles a los cubanos una despedida simbólica? ¿Qué importaba que el vehículo cargara arena o las cenizas de otro cadáver si se trataba de un acto puramente ritual? Si Raúl jugó con el cadáver de Hugo Chávez, ¿por qué no haría lo mismo con el de su propio hermano?

¿Es cierto que planeaban dar el cambiazo de cenizas en la madrugada del domingo, poco antes de la inhumación? Usar dobles fue una treta que Fidel Castro utilizó frecuentemente en vida ¿habrá continuado la costumbre tras su muerte? ¿Es una muestra de la astucia revolucionaria de la que tanto se ufanaba cuando habitaba en este valle de lágrimas?

¿Por qué no entrevistaron a su viuda oficial y a los cinco hijos que tuvo con ella?  ¿Por qué los periodistas no registraron las reacciones de los otros diez herederos extraoficiales –vástago más, vástago menos—que se le conocieron o se le intuían, o a la otra decena de madres dolientes y presumiblemente desesperadas que alguna vez amaron al Máximo Líder y se animaron a parirle un hijo?

¿Es verdad que entre la familia de Raúl y la de Fidel apenas hay vasos comunicantes? ¿Es cierto que los herederos de Raúl se consideran revolucionarios dedicados y perciben a sus primos como  bon vivants despreciables que malgastan insensiblemente los recursos que les entregan en los pecados de la  dolce  vita, mientras ellos engrandecen el legado de sus mayores en tareas patrióticas?

¿O se trata, tal vez, de la variante doméstica y familiar del enfrentamiento entre fidelistas y  raulistas que, afirman los entendidos, existe en la raíz de la cúpula gobernante desde que en el 2006, precipitadamente, Raúl llegó al poder colgado de los intestinos de Fidel severamente afectados por la diverticulitis?

¿Cómo se siente, realmente, Raúl Castro tras la desaparición del hermano mayor que le dio las ideas, el impulso vital, la estructura de valores, lo convirtió en Comandante, en Ministro, luego en Presidente, y le regaló un país para que hiciera o deshiciera a su antojo, sin dejar de hacerlo sentir a cada momento que era un pigmeo intelectualmente inferior, sin imaginación, lecturas o carisma?

¿Raúl es víctima del amor-odio y de la admiración-rechazo que provocan las relaciones en las que una parte se sabe a remolque de la otra?

 

¿Raúl es víctima del amor-odio y de la admiración-rechazo que provocan las relaciones en las que una parte se sabe a remolque de la otra? ¿Resiente más las humillaciones recibidas o le agradece que le haya fabricado una vida notable? La gratitud es la emoción más difícil de manejar por la mayor parte de los seres humanos.

¿Está Raúl consciente de que la adhesión juvenil sin fisuras que le despertaba el hermano-héroe se fue transformando en la evaluación crítica del hermano-loquito, con más sombras que fulgor, que vivía en un universo de palabras o de iniciativas desquiciadas –vacas enanas, siembras de moringa y otras mil tonterías-- que fueron destruyendo paulatinamente la base material que sustentaba la convivencia de los cubanos?

Y queda, por supuesto, la más importante de todas las preguntas: ¿qué ocurrirá en el futuro, ahora que Fidel Castro yace en el cementerio de Santa Ifigenia, bajo una pe


Artículo escrito por CARLOS ALBERTO MONTANER

Carlos Alberto Montaner Suris es un periodistaescritor y político cubano, que tiene, además, la nacionalidad española y la estadounidense. Ha ganado varios premios relevantes y colaborado con periódicos de renombre internacional.3 4 Ha publicado unos 27 libros. Los últimos dos son las novelas Tiempo de canallas y Otra vez adiós, editada por Alfaguara (Santillana).

Algunos medios especializados han calculado en 6 000 000 el número personas que semanalmente leen sus columnas.5 Su trabajo ha sido distinguido por instituciones como la Comunidad Autónoma de Madrid,3 y el Instituto Juan de Mariana.4 Fue, además, hasta 2011, vicepresidente de la Internacional Liberal.6 El gobierno de Cuba, sin embargo, considera a Montaner un agente estadounidense, y ha llegado a relacionarlo con actividades terroristas en su juventud,7 acusaciones que Montaner ha negado en diversas oportunidades, considerando que se trata de una campaña difamatoria, como ha explicado en el libro El otro paredón, publicado en 2011 por la editorial e-riginal en Estados Unidos. En octubre de 2012 la revista Foreign Policy lo eligió como uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica.